Nació cerca de Oxford, en Inglaterra. A los diez años fue desterrado a Normandía y vivió exiliado en Francia hasta los treinta y cinco, edad en la que los ingleses fueron a buscarlo y lo nombraron rey el día de Pascua, el 3 de abril del año 1043. Eduardo perdonó. Quitó los impuestos, protegió a los pobres y trabajó por la prosperidad material y espiritual de su patria. Tomó como lema: "Ser más padre que rey, servir más que mandar"
Se casó con la virtuosa Edit, "rosa que floreció entre espinas". Hicieron voto de virginidad para vivir como hermanos. Ella fue un gran apoyo para el gobierno de Eduardo. Su gran reinado sólo puede ser definido por paz y justicia, era muy piadoso, amable y amante de la paz, gran devoto de la Eucaristía y de la Virgen María.
Cierto narrador que vivió en esta época escribió acerca de San Eduardo: "Era un verdadero hombre de Dios. Vivía como un ángel en medio de tantas ocupaciones materiales y se notaba que Dios lo ayudaba en todo. Era tan bondadoso que jamás humilló con sus palabras ni al último de sus servidores. Se mostraba especialmente generoso con los pobres, y ayudaba mucho a los monjes. Aún en tiempo en que estaba de vacaciones y dedicado a la cacería, ni un solo día dejaba de asistir a la santa misa. Era alto, majestuoso, de rostro sonrosado y cabellos blancos. Su sola presencia inspiraba cariño y aprecio".
Repartió muchos de sus bienes entre los pobres y vendiendo varias de sus propiedades, construyó un convento para setenta monjes, la famosa abadía de Westmisnter.
El 5 de junio del año 1066, después de tanto trabajar por su religión y por su pueblo, le llegó la hora de la muerte. A los que lloraban por él, les dijo: "No se aflijan ni se entristezcan, pues yo dejo esta tierra, lugar de dolor y de peligros, para ir a la Patria Celestial donde la paz reina para siempre". Toda Inglaterra lloró por la pérdida del mejor de todos los reyes de su milenaria historia.
Se celebra su día el 13 de octubre.