Se conmemora el 17 de enero y en algunas ciudades y pueblos de España bendice a los animales en su día, se le llama "el día de San Antón", para que le de salud todo el año. Las personas que tienen animales enfermos le piden intercesión al santo para curarlos, es muy muy milagroso.
A los veinte años quedó huérfano de padre y de madre. Al entrar en una iglesia escuchó las palabras de Jesús: "si quieres ser perfecto, vende lo que tienes y dáselo a los pobres". Se fue entonces y vendió las tierras que tenía de herencia y repartió ese dinero a los necesitados. Sólo dejó una pequeña cantidad para vivir él y su hermana.
Pero luego también escuchó leer "no os preocupéis por el día de mañana" y vendió el resto de bienes que le quedaban. Aseguró la educación y el futuro de su hermana en un convento de monjas, y repartió todo entre los pobres, confiando sólo en Dios. Se retiró a las afueras de la ciudad a vivir en soledad y oración, de los monjes que habitaban por allí aprendió a orar y a meditar.
Recordando la frase de San Pablo "el que no trabaja, que no coma" aprendió a tejer canastos, y con el trabajo de sus manos consiguió su sustento y todavía le quedaba para ayudar a los pobres.
Pero el maligno empezó pronto a enviarle temibles tentaciones. Le presentaba todo el bien que él podría haber hecho si en vez de repartir sus riquezas a los pobres, las hubiese conservado para extender la oración, y le mostraba lo mala que sería su futura vida de monje. Trataba sin éxito de que se sintiera descontento de la vocación a la que Dios le había llamado, seguía tentándole pero el santo pasaba muchas horas del día y de la noche orando. El maligno enfurecido por no poder doblegarlo, le dió un golpe tan violento que el santo quedó como muerto.
Vino un amigo y creyéndolo ya cadáver lo llevó a enterrar, pero cuando ya estaban disponiendo los funerales, recobró el sentido y volvió a su choza a orar. Allí le dijo al Señor: ¿A dónde te habías ido mi buen Dios cuando el enemigo me atacaba tan duramente? Y una voz del cielo respondió: "Yo estaba presenciando tus combates y concediéndote fuerzas para resistir. Te protegeré siempre y en todas partes".
A los 35 años de edad se fue más lejos porque sintió una voz interior que lo invitaba a dedicarse a la soledad absoluta. Ahora se sentía capaz de alejarse para tratar a solas con Dios.
A los 55 años, para satisfacer a muchos hombres que le pedían les ayudara a vivir vida de ermitaños, organizó unas chozas individuales, donde practicaban una pobreza heroica. En cada una de estas chozas vivía un ermitaño dedicado a orar, a trabajar y a hacer sacrificios. Constantemente se oían cantar por allí las alabanzas de Dios.
Antonio los fue formando en la santidad con sus sabios consejos. San Atanasio narra que les aconsejaba lo siguiente: "No vivir tan preocupados por el cuerpo sino por la salvación del alma. Cada mañana pensar que éste puede ser el último día de nuestra vida, y vivir tan santamente como si en verdad lo fuera".
Cuando estalló la persecución contra los cristianos, el santo se fue con algunos de sus monjes a la ciudad de Alejandría a animar a los cristianos para que prefirieran perder todos sus bienes y hasta la misma vida con tal de no renegar de Cristo y de su santa religión. Los paganos no se atrevieron a hacerle daño porque la gente lo veneraba como un hombre de Dios. "Ahí va el santo", exclamaban hasta los paganos al verlo pasar.
En los últimos años de su vida era muy visitado por peregrinos que iban a pedirle consejos. Murió con más de cien años pero conservaba buena la vista y el cerebro, aparecía siempre alegre y amable.
ORACIÓN
Dios Padre Misericordioso, Tú que le concediste a San Antonio Abad la gracia de saber dominarse tan perfectamente a sí mismo y dedicar su vida a la oración y a hacer el bien a los demás, haz que también nosotros, con tu ayuda y protección no busquemos darle gusto a nuestro egoísmo sino que dediquemos nuestra vida a amar a nuestro Dios y a servir a nuestro prójimo.
Por Jesucristo Nuestro Señor. Amen.
(Tres Padrenuestros)