El siervo de Dios
Fray Leopoldo de Alpandeire
Hermano capuchino
Nació en Alpandeire (Málaga), el 24 de junio de 1864. En 1899 vistió el hábito capuchino en Sevilla. Durante más de medio siglo residió en Granada, postulando para su convento y misiones de la Orden, y repartiendo, a su vez, la limosna espiritual de sus oraciones, consejos, consuelos y el ejemplo de su vida austera y candorosa. Recitaba con extraordinaria unción y fe su prodigiosa plegaria de las Tres Avemarías, donde quiera se lo rogasen cuantos acudían a él, atraídos por la fama de su vida. Practicó con laudable constancia las más admirables virtudes, edificando a religiosos y a seglares.
Tras larga enfermedad, en la que brillaron más sus acendradas virtudes, murió santamente en Granada el 9 de febrero de 1956. Sus restos descansan en la iglesia de su convento. Su sepulcro es cada día más visitado. Son incontables los favores que se atribuyen a su intercesión. El proceso de beatificación se inició en 1961.
Estatua en Málaga a Fray Leopoldo de Alpandeire
TRIDUO O NOVENA (para uso privado)
Oración.- Oh Dios que dijiste: ""El que se humilla será ensalzado"", vuelve los ojos de tu misericordia a las virtudes que practicó tu fiel siervo Fray Leopoldo, y haz que también nosotros vivamos humildes y puros en tu santo servicio. Dígnate glorificar a tu siervo en la tierra y concédenos por su intercesión la gracia que te pedimos, si es de tu divino agrado. Así sea.
Jaculatoria.- ¡Pastora Divina de las almas! Por la filial y tierna devoción que te profesó Fray Leopoldo, dígnate interceder ante la Santísima Trinidad para obtener la gracia que te pedimos. (Tres Avemarías.)
Para comunicar los favores obtenidos o solicitar reliquias por favor diríjanse a:
P. VICEPOSTULADOR. - CONVENTO DE CAPUCHINOS. - GRANADA (ESPAÑA).
Según una persona que lo conoció en Granada, llamada Carmen S., ya hoy fallecida, durante la Guerra Civil de España, el santo iba pidiendo limosna por los cortijos y por las casas y la gente se le acercaba y le decía: "Fray Leopoldo, mi hijo está en la guerra y no tengo noticias de él", Fray Leopoldo le respondía: "Mañana tendrás una carta", y efectivamente al otro día recibían esas cartas. Por esto y otros milagros, la gente ya sabía que era santo.